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lunes, 2 de enero de 2012

UN EDIFICIO PARA INAP: LA COMPLEJIDAD DE UN TEMA QUE SUPERA LO APARENTE


“UN EDIFICIO PARA INAP”

La complejidad de un tema que supera lo aparente

Por Pedro Abarca

El 2001, cumpliendo 72 años de la anexión del Conservatorio de Música, la Academia de Bellas Artes y el Curso de Dibujo de la Escuela de Artes Aplicadas a la Universidad de Chile, ese mítico 13 de noviembre nace el Instituto de Asuntos Públicos (INAP), constituido por la fusión de tres unidades: el Centro de Análisis de Políticas Públicas, el Instituto de Ciencia Política y la Escuela de Gobierno, Gestión Pública y Ciencia Política (dónde actualmente se imparte el Pregrado); todas de la Universidad. A su andar, la fragmentación entre Ciencia Política y Gobierno constituía un problema, y es en el 2003 que Rectoría decide intervenir inicialmente nombrando como Director del Instituto a Manuel Antonio Garretón (MAG). Sin embargo, luego de un extenso conflicto –estudiantes, funcionarios y académicos, además una toma de por medio- derivó en la renuncia del susodicho. Desde ahí, el INAP ya no tendría un Director titular hasta el año pasado. Lo cual da cuenta de la inestabilidad organizativa en la que se encontraba sumergida. Hoy reaparece un conflicto no resuelto: en 10 años de existencia, aún no tiene un lugar fijo en el que pueda desarrollarse.

1. Año cero: una historia necesaria

Del 2001 empieza a configurarse el INAP como un espacio de análisis de políticas públicas distinto, desde un enfoque multidisciplinario y en el esfuerzo de crear un modelo académico que fuese acorde al desarrollo conjunto de la Gestión Pública y la Ciencia Política (un pack, todo en uno), en la Universidad de Chile. Color de rosa, pero eso sí, los problemas salieron a la luz 6 años después.

La historia reciente de este Instituto da cuenta de los conflictos inter-institucionales y la implosión en la que terminó el propio aparato en marzo de 2007. Ese año, Víctor Pérez, por medio de un decreto da pie al inicio del proceso de reestructuración del INAP por los aspectos deficitarios en cuanto a la inviabilidad de la estructura organizativa del Instituto, su modelo financiero y de desarrollo académico. El primer paso, propuso, fue darle forma a una “Comisión Reestructuradora” - pasos típicos de esos años de gobiernos concertacionistas – que trabajaría con “celeridad y urgencia” para mejorar las actividades académicas mediante el rediseño de estrategias, estructuras y herramientas de gestión, así como dotar al Instituto de unidades económico-administrativas sustentables. El objetivo básico era la formación de un Plan de Desarrollo Institucional (PDI). Se exclamó con entusiasmo un fuerte: ¡manos a la obra! A prueba con la realidad, es recién a inicios del 2011 cuando sale a la luz dicho documento aún no zanjado del todo.

En el intermedio, el 2007 la situación era insostenible, la Comisión Reestructuradora no había evacuado producto alguno, poco regular en sus sesiones y mantenía un amplio margen de incertidumbre con los habitantes del ya famoso espacio. Aún así, se esperó un poco más. En ese escenario incierto sobre el futuro de la carrera, y del INAP, y en un contexto de movilizaciones a nivel país, los estudiantes de la Escuela de Gobierno deciden tomarse la Torre 15 de servicios centrales el día 1 de junio de 2008. Producto de esta toma, se priorizó por lo menos a nivel interno: hay ponerse a trabajar; pues en lo externo no había nada nuevo bajo el sol. Es el 2009 que llega al Instituto como Director Subrogante Eduardo Dockerndorff y todo su clan a conducir el proceso final de reestructuración, continuándolo en dos planos: mejoramiento de la planta docente, y alojamiento de un lugar definitivo para el INAP.

Cabe destacar, en el desarrollo de esta historia, que el INAP ha permanecido disgregado, donde los profesores, directivos y parte importante de los funcionarios mantienen sus oficinas y lugares de trabajo regular en Santa Lucía #240 y por otra parte, los estudiantes de Administración Pública más el personal “suficiente” en otro edificio sede que con el paso de los años ha cambiado constantemente.

Hasta ahora, el devenir de la Escuela se traduce en la formación de un proyecto que sea coherente para el espacio de la Universidad y que le de proyección al largo plazo a lo que hoy compone el INAP. Así, en los últimos 3 años, y si bien la historia versa de muchas formas, atravesando generaciones de egresados, marcando a mechones y generando incluso normas especiales de convivencia al interior de la comunidad, se resume en algo expreso: el recorrido por 3 edificios en 3 años[1], por múltiples sedes en 1 década, y varias facultades desde la existencia de su Pregrado, allá 60 años atrás, se torna hoy insostenible.

2. Antecedentes del problema y en qué estamos hoy: infraestructura y endeudamiento

Durante más de 6 años de pequeños y grandes conflictos – particulares protagonistas han resultado los estudiantes de Administración Pública – han ido incubando diversas demandas que se hacían patentes todos los años de una u otra forma, hasta con creatividad. Generaciones completas de egresados, titulados han tratado, según su propio tiempo y espacio, de darle solución a la crisis del Instituto.

De esta forma, el pasado 2010 asomaron los primeros atisbos de luz en la resolución del conflicto, puesto que en la búsqueda del terreno para la construcción de la sede propia (cual sueño del chileno), el Consejo Universitario decide no dar curso a la enajenación (traslado de derechos para venta o uso a otro espacio) del terreno ubicado en Vicuña Mackena #20, por lo que se da por hecho la existencia de este espacio disponible, derivado de la situación de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas (en algunos ribetes se hace similar a la nuestra). En ese mismo sentido, el Senado Universitario este año aprueba la unificación de la FACQ en su sede de Los Olivos (actualmente terminando de construir las instalaciones definitivas). De esa forma, el espacio de la calle Vicuña queda libre para la construcción del edificio institucional. Eso sí es un acuerdo.

Desde ese mismo año el conflicto ha parecido instalarse en el presupuesto para financiar la construcción de la sede INAP, debate que a todas luces en el Consejo Universitario ha sido de bastante algidez por los intereses económicos y de ubicación que representa el enunciado terreno ubicado en el centro de la capital. Mención aparte reviste la situación del INAP, puesto que pese a que ha estado presente en las discusiones, no cuenta con derecho a voto en el Consejo por ser Instituto, y además, considerarse una excepción reglamentaria por albergar Pregrado – a inicios del año pasado se promulgó un decreto que prohíbe a los Institutos ofrecer el Pregrado – situación similar a la del ICEI. Ha sido esta discusión la que ha permanecido estancada, amortizada bajo los intereses de unos y otros, y sin una resolución clara, más allá de la supuesta buena voluntad manifestada.

Hace unos meses, se abrió una “ventana de endeudamiento”, cuyo nombre correcto es Plan de Inversión en Infraestructura, que permite un endeudamiento masivo a largo plazo, es decir, por un monto considerable y más allá del periodo presidencial – en total serán 4 millones de UF's, que representan cerca del 40% de los bienes de capital fijo de la Universidad – y permitiría a unidades académicas completar sus procesos de desarrollo en ese ámbito, y sería, según los entendidos, la mejor oportunidad que presenta el INAP para amarrar su proyecto.

La evaluación de los proyectos[2], en esta etapa, considera el rendimiento académico de estos, es decir, el impacto de esa área para la comunidad, además, la sustentabilidad en términos financieros, o sea, cuál es el rendimiento de cada peso gastado una puesto en funcionamiento el edificio. La problemática se entiende en cuando de un fondo común el conjunto de los proyectos, de cada unidad académica, incluido el Hospital Clínico, entran a competir por ese total ya explicitado y se jerarquizan para su asignación.

Hasta el momento no existe una sentencia definitiva del Consejo Universitario respecto del punto anterior, por tanto, los proyectos considerados ganadores o no son una mera especulación por el momento.

3. Problematización: solo síntomas cuando el problema es del capital

Al plantear el tema de este artículo “Un edificio para INAP”, revisando datos y un poco de su historia, el tema parece evocar más que todo una profunda indignación respecto de la ¡precaria condición de los estudiantes de Administración Pública de Universidad de Chile!. Pero tenemos que ser un poco más claros: el problema no está en que la Universidad elitizada no brinde la condiciones necesarias a un montón de clientes que hoy no se encuentran satisfechos, ni se puede caer en el chovinismo clásico en que se incurre muchas veces en defensa de la auto-proclamada Universidad Pública, ni menos en contagiar de cólera en la agitación por el no respecto de aspectos formales o garantías mínimas para el estudio de un profesional. Son todas visiones similares e igual de miopes.

El problema en sí reside en torno a la estructura segregadora que presenta la Universidad, en los espacial, en lo administrativo y en su estructuración, además del constante dejo hacia esta unidad académica en cuestión, principalmente porque no cumple preliminarmente, o de forma más destacada con requisitos de rentabilidad ni auto-financiamiento como sí presentan otras que juegan un rol mucho más activo en el circuito mercantil.

Es el micro mercado del circuito capitalista al que hacemos referencia, donde la educación y la generación de conocimiento está subordinado al movimiento externo de las fuerzas del mercado y el desarrollo del capital, por tanto, la Universidad puede representar un excelente negocio por una parte, como cantera de estudiantes, y también como soporte intelectual del propio capitalismo al generar algunos elementos de innovación en ese marco. Pero solo en eso. De la misma manera, entendemos que incluso el marco general de nuestras movilizaciones, y desde los planteamientos que hacemos desde nuestras diversas trincheras, que no es nuestro rol el cambiar la Universidad mercantilizada por sí sola, como un sistema aislado, pues no lo hará sin un cambio radical y del capitalismo chileno, como etapa inicial.

Hoy la apuesta debiese el aseguramiento de condiciones de desarrollo intelectual y académico acordes con el entorno general de nuestra Universidad, donde no primen criterios de corte economicista, y que sean, en este marco de relaciones, un aporte (y no un retroceso) a la comunidad que en ese futuro edificio se encontrará consigo misma.

Sin lugar a dudas que temas como este hay que aprovecharlos, pues ponen en cuestión elementos fundamentales como infraestructura, desarrollo de mallas académicas y PDI te permite cierto dinamismo interno y muestran falencias del movimiento del capitalismo frente al desarrollo del conocimiento. Además, está siempre el noble ejercicio de generar niveles de conciencia y desarrollo de perspectiva política que son entrañables, pues se dan codo a codo, con cada compañero, entendiendo con la humildad necesaria que como estudiantes también somos parte de un movimiento popular que es necesario (re)componer, pero que también es necesario re-significar en nuestros propios espacios.

4. Hoja de ruta: qué hacer, aporte de elementos

Para finalizar, fijando ciertos límites para clarificar el debate en torno al tema INAP, y darle viabilidad a una posible solución creemos lo siguiente:

- Independiente de la alternativa que se escoja, de la que siempre estaremos en pos por aquella que la comunidad afectada sea quien determine, hoy la Universidad tiene la posibilidad efectiva de salvaguardar importantes aspectos cualitativos de la condición general del estudiante, de su cotidiano, esté en la unidad académica que esté, sea rentable o no, incluso por medio del endeudamiento de la misma (que por cierto no debe perpetuarse). Hoy podremos no tener las capacidades actuales de generar un Universidad al servicio del pueblo, pero podemos en lo concreto superar rasgos tangibles de la desigualdad a la que son sometidos los estudiantes por criterios de corte económico.

- En el corto plazo, el Consejo Universitario debe definir con la celeridad suficiente las condiciones definitivas del edificio definitivo para INAP, tanto en la asignación del financiamiento como en los requerimientos que la comunidad determine. Así también, los plazos no pueden seguir extendiéndose, sino ser prioridad en cuanto a infraestructura se requiere. Definir el cómo y el cuándo con rapidez.

- Y lo siguiente, como tarea posterior, debe profundizarse la construcción de un proyecto académico que sea coherente con las motivaciones que nos levantan año a año en pos de una educación al servicio del pueblo. Se trata de entender en su complejidad al Instituto con su investigación y desarrollo, proyectándolo, y al Pregrado reestructurándolo para que cumpla su profunda labor formativa y además dote al estudiante de las herramientas necesarias para la transformación social. Esto depende de toda la comunidad implicada y debe ser un trabajo constante, de propuesta y disputa y sobre todo de una mayor audacia a la que hasta ahora ha sido mostrada.

Desde nuestros colectivos, con nuestros compañeros, en cada asamblea y espacio de construcción, entendemos que es necesario disputar un proyecto de Universidad, que debemos construirlo en cada paso que damos, y por lo mismo, hoy más allá de los criterios de origen técnicos, los fundamentos del proyecto de Vicuña #20 tienen un entrañable sentido político, de responsabilidad por cada compañero y su condición de estudiante.

“Que la tierra dé todos sus frutos y la dicha en nuestro hogar,
el trabajo es el sostén que a todos de la abundancia hará gozar”

Extracto La Internacional

Documentos que pueden ser de interés general:

[1] http://docdroid.net/iw9

[2] http://docdroid.net/iwf

[3] Declaración EGGP: http://www.docdroid.net/iwa/infraestructura-presentacion-consejo-u-final.pdf.html

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